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The lost Recordings - Dizzy Gillespie

  • Foto del escritor: Fernando Alday
    Fernando Alday
  • 21 nov
  • 3 Min. de lectura

Live at Singer Concert Hall 1973, The Lost Recordings lo hace otra vez, trae del olvido un imperdible concierto del icónico Dizzy Gillespie y lo hace con una calidad impresionante.


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Confucio, supuestamente, dijo: "Oigo y olvido, veo y recuerdo, hago y entiendo". Pues bien, para quienes estuvieron presentes en la velada del 25 de agosto de 1973 en el Singer Concert Hall en el Festival de Jazz en Laren, Países Bajos, seguramente la primera máxima del filósofo oriental no aplique, pues si algo tenían las actuaciones de Gillespie (según podemos leer hoy en día, es que eran inolvidables). Pero, en el caso que alguno de los asistentes hubiera olvidado la velada, los buenos amigos de The Lost Recordings se han tomado la molestia, como con muchos otros icónicos conciertos, de rescatar el material y darle un tratamiento destacado de cuidado y atención a efectos de producir esta excelente versión de la grabación.


Veo (escucho) y recuerdo...


La grabación, por si misma, no estaría completa sin el tratamiento archivístico y de preservación que acompaña los trabajos de la casa discográfica. Mientras escucho la introducción, con la presentación de los músicos que acompañan a Gillespie en el concierto, la atmósfera es palpable, la textura de su voz y su particular humor se transmite inalterada.


Empezando con Sunshine, la profundidad de las notas del bajo y el cuidado brillo de los platillos flotan en la atmósfera de la sala, un escenario contenido pero definido ya anticipa la calidad de la obra con un tratamiento acústico de muy buena categoría y un rango dinámico para acompañar (13 según la escala de Roon, a través del que reproduzco la copia digital del álbum).


Brother K, dedicado a Martin Luther King, toca una cuerda de sentimiento y, la pasión de Gillespie es palpable a través de sus notas. El timbre se torna evocativo y melancólico, un cambio trascendental y de casi 180 grados con el tema anterior, lo que pone de manifiesto la mercurial personalidad del intérprete.


Hago (escucho) y entiendo...


La maestría y genio de Gillespie se aprecia en todos y cada uno de los temas. Las notas que alcanza y sostiene con su inconfundible trompeta, hecha a medida con un curioso ángulo de 45º y producto de un accidente en el que, su instrumento original, se había doblado tras un golpe. Como dato curioso, la trompeta que probablemente se utilizó en este concierto es la King Silver Flare de 1972 que, hoy en día, se encuentra en exhibición en el Museo Nacional de Historia Americana, en Washington D.C.


La amplitud de notas con que enlaza y teje los ritmos, influenciados sin duda por la música afroamericana, con sus ritmos y percusiones casi caribeñas y la introducción de un elemento eléctrico en la guitarra de Alexander Gafa (que, me disculparán, me recuerda a Santana). El embajador del Jazz, como cariñosamente se le conoció, viviría 20 años más tras el concierto, dejando detrás de si un inolvidable repertorio de excelente música y grabaciones, así como una profunda impronta en el mundo de la música.


Una grabación imperdible para los fanáticos no sólo de Gillespie, sino de la música en general y, por cierto, un excelente pretexto para auto-regalarse algo en estas fechas que se aproximan. Gracias a el cuidado proceso de producción de The Lost Recordings, la grabación está disponible en CD, Vinilo y descarga de archivo digital. Todas las anteriores están disponibles en la web de The Lost Recordings. 


Por cierto. El Festival de Jazz de Laren aún se celebra cada año en Octubre, por si alguno quiere asistir.


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