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Streaming analógico

  • Foto del escritor: Fernando Alday
    Fernando Alday
  • hace 2 minutos
  • 12 min de lectura

Del vinilo al bit: El arte (y la odisea) de digitalizar el sonido de tu giradiscos.



Suena a contradicción absoluta y, como tema dentro del mundillo audiófilo, sé que genera muchas dudas, rechazo y hasta hate. ¿Es posible digitalizar un vinilo sin cargarse su esencia? ¿Vale la pena el esfuerzo? ¿Debemos mantener separados el mundo digital y el analógico? Quédense conmigo y acompáñenme a descubrirlo.


El origen del cambio: Buscando la máxima transparencia

Permítanme una breve pero necesaria introducción. Todo comenzó hace unos meses cuando, tras cambiar mis monitores de referencia a unos Axxess L1, me encontré con la oportunidad perfecta para dar un vuelco al perfil del equipo que habitualmente utilizo para las reseñas de la web. Pasé de la clásica amplificación Clase AB a la eficiencia de la Clase D, y sustituí el previo de una reconocida marca por una solución diseñada bajo una obsesión: la máxima transparencia y separación de canales posible.


No entraré en detalles todavía sobre sí el cambio ha valido la pena o sí, en términos puramente de escucha, es una mejor solución. Lo importante es que ahora cuento con un sistema altamente transparente, resolutivo y con una claridad quirúrgica que me sirve como una plataforma ideal para evaluar equipos. Eso sí, el debate sobre Clase AB vs. Clase D lo podemos dejar para los comentarios más adelante.


El agujero de conejo del DSP

Tras implementar estos nuevos componentes y realizar las primeras pruebas de escucha, surgió la oportunidad de colaborar con Magic Beans Audio. Esta plataforma busca poner en manos del consumidor promedio la posibilidad de integrar DSP (Procesamiento Digital de Señales) en sus equipos, utilizando únicamente un teléfono móvil (u ordenador) y un micrófono calibrado (en este enlace podéis leer la entrada dedicada a ello).


Tras caer de cabeza en la madriguera de conejo que significa la implementación de un DSP, incluso con la facilidad y los excelentes resultados que me dio la plataforma de Magic Beans Audio, me asaltó una duda inevitable:


"Vale, ahora mi frente digital pasa por un par de filtros de convolución y upsampling en Roon pero... ¿qué pasa con el frente analógico?"

Si el DSP fue la caída por la madriguera, el reto de digitalizar la señal de mi giradiscos se convirtió en el proverbial agujero negro. La obsesión se enraizó en mí como pocas veces. Pasé noches enteras en vela buscando opciones: software, convertidores A/D... En fin, ¿una pesadilla? Quizás no tanto, pero sí lo describiría como una auténtica odisea, con el perdón de Ulises y del mismísimo Homero.


El primer eslabón: En busca del ADC ideal

En un principio la tarea parece sencilla: enviar la señal analógica del giradiscos al ordenador, o a algún aparato que la convierta en ceros y unos y, con eso, alimentar al todopoderoso Roon. Parece fácil. Pues va a ser que no.


Como se trataba de un experimento para ver si era posible y, sin anticipar anticipar resultados, comencé por la tarea más lógica: buscar un ADC (Analog-to-Digital Converter, o convertidor analógico a digital). Las opciones en el mercado son variadas, no solo en prestaciones y precios, sino también en su facilidad de implementación.


Para empezar, hay que tener en cuenta que estos equipos rara vez están diseñados pensando en el audiófilo tradicional. Su público objetivo se divide en dos categorías:

  • Streamers y podcasters: Un sector en constante crecimiento.

  • Profesionales del audio y la música: Un nicho técnico especializado.


Me refiero, por supuesto, a las interfaces o tarjetas de sonido externas. Descarté por completo las opciones internas porque el equipo deducado al tema audio es un MacBook y, lógicamente, ahí dentro no cabe nada.


Centrado en las prestaciones y los costes, me di cuenta de que una mayor resolución no siempre dicta el precio, sino que influye más la marca y los componentes internos. Las prestaciones son similares a lo ancho del espectro, pero según cada marca y modelo tenemos ligeras variaciones, los más comerciales rondan los 24 bits y 192 kHz. Suficiente para nuestra meta.


Al final, haciendo honor a mi membresía en la cofradía del puño cerrado, opté por el mercado de segunda mano y adquirí un Behringer U-PHORIA UMC202HD.


Behringer U-PHORIA UMC202HD. Un equipo con prestaciones sorprendentes para su precio y reducido tamaño.
Behringer U-PHORIA UMC202HD. Un equipo con prestaciones sorprendentes para su precio y reducido tamaño.

No fue solo una decisión de tacañería; la Behringer me ofrecía tres ventajas clave:

  • Entradas combo XLR/Jack: Esto me permite aprovechar la salida balanceada de mi previo de phono actual, un Ifi Zen Phono 2, mediante un cable hecho a medida que va de la toma balanceada de 4,4 mm a un par de conectores TRS de 6,3 mm. El primer eslabón de la cadena quedaba cubierto con una calidad sorprendente a un coste mínimo.

  • Conexión USB nativa: Facilita enormemente la comunicación con el ordenador. Su resolución máxima de 24 bits y 192 kHz no es nada despreciable. Aunque el vinilo teóricamente tiene una extensión enorme, por puros límites físicos del formato, no sería posible superar esta capacidad digital. Por tanto, la supuesta "pérdida de información" se queda en el campo de la metafísica y la psicoacústica, ciencias con las que no deseo pelearme hoy (ni nunca).

  • Salida de auriculares: Es interesante mencionarlo, casi todos los ADC’s que evalúe para su uso cuentan con salida de auriculares. En algunos casos mejor o peor pero, claro, depende de la implementación. El Behringer tiene buen sonido aunque poca potencia. Puede funcionar con mis HD660S2, pero estos le exigen y mucho. Para uso sin grandes expectativas, es más que suficiente.


Llegados a este punto, la cadena se ve, más o menos, así:



El verdadero dolor de cabeza: Integrar la señal en Roon

Con los equipos dispuestos y los cables conectados, la parte física de la cadena quedó lista. Si únicamente quisiéramos capturar la señal en formato digital, con esto y un software sencillo, estamos cubiertos. Sin embargo, aquí llegó la parte que me ha provocado más dolores de cabeza, pues no solo quiero captar el audio, sino alimentarlo a mi servidor de Roon.


Aquí, por accidente casi (o por necesidad) he descubierto mi nueva función favorita de la plataforma. La radio por internet.


¿Cómo hacemos que Roon "escuche" nuestro audio digitalizado?

En la práctica, Roon no está pensado para recibir entradas de audio en tiempo real. Su función principal es la de ser un cerebro que procesa audio digital de servicios de streaming o de archivos locales. Afortunadamente, como dice el refrán: "Cada quien mata las pulgas a su manera" y, para solucionar esto, existen varios caminos, aunque nos centraremos en dos:

  1. Crear un archivo temporal de la reproducción: Grabar el vinilo en tiempo real en un archivo que se genera al bajar la aguja y que, en tiempo real, es captado por Roon para ser reproducido.

  2. Transmitir en streaming local: Captar el audio del ADC en tiempo real y "emitirlo" hacia una dirección URL local (HTTP), engañando a Roon para que lo sintonice como si fuera una emisora de radio por internet.


Como soy un total neófito en la transmisión de audio en tiempo real, la tarea la pude sacar adelante a base de testarudez, paciencia, foros de internet y la inestimable ayuda de herramientas de IA para desatascar los problemas de código. Tras descartar la primera opción por su excesiva complejidad y unos resultados que no me convencían, me lancé de lleno a la vía del streaming local.


En el proceso, casi por accidente, he descubierto un universo muy interesante, poblado por diversas estaciones de radio que, al margen del listado oficial de la aplicación, proveen a los melómanos con música y streams de excelente calidad, tanto en términos de fidelidad como de programación. De esto, seguramente, hablaremos más adelante en otra ocasión.


El software necesario para la emisión

Para lograr que el ordenador actúe como una estación de radio privada, he tenido que configurar dos herramientas esenciales:

  • Audio Hijack (de Rogue Amoeba): Un software excelente y muy intuitivo que funciona mediante bloques enlazados. Captura el audio que entra desde la interfaz Behringer y lo redirige hacia nuestro servidor de streaming. (Nota: La versión gratuita introduce un ruido estático a los 10 minutos, pero es ideal para hacer pruebas antes de pasar por caja).

  • Icecast: Un programa que corre en segundo plano y se encarga de generar el servidor de audio propiamente dicho.

Un ejemplo del atractivo y sencillo entorno de Audio Hijack.
Un ejemplo del atractivo y sencillo entorno de Audio Hijack.

Audio Hijack ha resultado ser un software muy completo, con una facilidad de uso y prestaciones sorprendentes. Recomiendo ampliamente dar un vistazo a las ofertas de software de Rogue Amoeba, si utilizáis un ordenador en vuestra cadena, estoy 100% seguro que alguno de sus programas os aportarán beneficios tangibles en la escucha de audio.


Por mi parte he creado ya varios perfiles de trabajo en Audio Hijack, ahora puedo respaldar mis vinilos en archivos en mi biblioteca de música, transmitirlos en vivo a través de internet con el servidor de IceCast y algunas otras prestaciones sobre las que ya hablaremos más adelante como, por ejemplo, aplicar (con 2 clicks) un filtro de ruido en tiempo real para eliminar las molestas "frituras" en el sonido de alguno de nuestros discos.


Si Audio Hijack ya captura la señal de audio ¿Por qué hace falta IceCast? Porque Roon es muy estricto con los formatos de URL que acepta en su sección de "Radios". No vale cualquier enlace, o nos encontraremos con un error.


Configurar IceCast fue lo más complejo, ya que requiere instalarlo y gestionarlo a través de la Terminal de macOS utilizando comandos de Unix, un terreno donde mis conocimientos técnicos se evaporan. Fue gracias a las aplicaciones de IA que pude dar con los comandos necesarios para hacerlo funcionar y, en unos cuantos minutos, todo estaba en orden.


Ojo, esto es importante: Os debéis cerciorar que TODOS los equipos están trabajando en la misma configuración, en mi caso 24 bit 192 kHz pues, de lo contrario, podrán ocurrir cortes en la transmisión. Para usuarios de la manzana, esto implica que tanto Audio Hijack, IceCast (que recibe su información de Audio Hijack) y el MIDI Setup deben estar en los mismos valores. De lo contrario pueden ocurrir cortes en el sonido. Pregúntenme como lo sé...


El veredicto: Hora de bajar la aguja

Tras sincronizar los servicios y comprobar que Roon reconocía la dirección local de Icecast como una emisora válida, llegó el momento de la verdad. Configuré la dirección, Roon la detectó y me permitió editar un pequeño icono y el nombre de la estación, no me compliqué.



Coloqué, a modo de prueba, el álbum Casino de Al Di Meola en el plato y bajé la aguja. La señal viajó por la cadena, se digitalizó y llegó a Roon, que inmediatamente le aplicó el sobre muestreo y los filtros de convolución de mi DSP en tiempo real. Uno o dos segundos después de bajar la aguja, el audio sonaba a través de mi sistema, con los perceptivos filtros y ajustes de sobre muestreo aplicados.


¿El resultado? Es la vez que mejor ha sonado el vinilo en mi equipo en muchísimo tiempo.


Sé lo que están pensando los más puristas: la transmisión local pasa por una compresión. Sin embargo, esas supuestas pérdidas quedan completamente fuera del rango de audición humano. Las ventajas que se obtienen al corregir los defectos acústicos de la sala mediante el DSP superan por goleada a cualquier mínima degradación del proceso de digitalización. El vinilo sigue manteniendo su calidez y su dinámica, pero ahora suena perfectamente integrado y optimizado para mi entorno de escucha.


A Di Meola le siguieron Joan Báez, John Coltrane, Ella Fitzgerald y muchos más. Con cada vinilo redescubría texturas y sonidos nuevos que, gracias a la magnífica integración de mi frente digital, se hacían presentes con más autoridad que cuando la reproducción se encontraba confinada al mundo analógico.


Incluso, debo admitir, disfrute de escuchar algún vinilo de segunda mano aplicando el filtro de eliminación de ruido, pues no falta la pista que tiene muchos clicks y que resulta imposible de disfrutar. Con el Audio Hijack y el parámetro de eliminar ruido, dos toques del ratón me han bastado para eliminarlos. ¿Útil o no?


No es un tema de mayor o menor calidad, sino de equilibrio y presentación. La integración del mundo digital, representado por la aplicación del DSP, el sobre muestreo y la transmisión de datos había revitalizado el sonido de mi sistema al escuchar fuentes analógicas.


Roon muestra el camino completo de la señal hasta nuestra salida, en este caso, el DAC Lampizator
Roon muestra el camino completo de la señal hasta nuestra salida, en este caso, el DAC Lampizator

Roon muestra el recorrido completo de la señal y, aunque aparece como Lossy (con pérdidas) por el codec (AAC - Advanced Audio Coding el cual será un viejo conocido para los usuarios del ipod y otros productos de Apple) la calidad no es nada despreciable. Vemos, claramente, como se le aplica una corrección y un sobre muestreo a la señal, así como un EQ paramétrico y el DSP. Para toda la señal, el resultado es sorprendentemente transparente, dinámico y agradable.


Sí, como mencioné, es posible subir a formato .flac (entre otros) pero claro, no nos olvidemos que seguimos en fase de pruebas. Esto vendrá más adelante.


¿Vale la pena el lío?

Llegados a este punto, la pregunta del millón es obligatoria: ¿Realmente merece la pena montar todo este ecosistema informático solo para escuchar un disco de vinilo a través de Roon? Para responder con total honestidad, hay que poner las ventajas y desventajas sobre la balanza. Y, sobre todo, ser muy realistas con nuestras expectativas.


Ventajas

  • La magia del DSP en analógico: Poder aplicar corrección de sala (filtros de convolución) y ecualización paramétrica a la señal del giradiscos cambia las reglas del juego. Los defectos acústicos de tu sala desaparecen, algo que en un sistema puramente analógico requeriría miles de euros en acondicionamiento físico o ecualizadores analógicos que suelen degradar la señal.

  • Sobre-muestreo a la carta: Al pasar la señal por el motor de audio de Roon, puedes aprovechar el upsampling digital para alimentar tus componentes con una señal estable y optimizada.

  • Audio en toda la casa: Al convertir el vinilo en una "estación de radio" local, puedes agrupar zonas y escuchar el disco que está girando en el salón desde cualquier otro rincón de la casa que tenga un endpoint de Roon. O, incluso, a través del móvil con ARC, a esto le llamo flexibilidad.

  • Respaldo de contenido: Sí, esto es legal. Si tienes el disco, puedes crear un respaldo digital del mismo y, no solo eso, existen herramientas digitales que permiten eliminar ruidos y “frituras” de las grabaciones.

  • Creación de un Line-In digital y flexible: Atención que, aunque me he centrado en el vinilo, estamos en posibilidad de capturar la señal de audio de cualquier componente analógico. ¿Imaginas poder reproducir tus cintas sin tener que estar rebobinando a cada escucha? O, incluso, ¿hacer respaldos de esos mixtapes que escuchabas antaño?


Desventajas

  • La falta de inmediatez (Latencia): El proceso de codificación, transmisión por Icecast y el almacenamiento en búfer que hace Roon por seguridad introduce un retraso de varios segundos. Olvídate de bajar la aguja y escuchar la música instantáneamente; hay unos segundos de silencio hasta que la música comienza.

  • Complejidad técnica: No es un sistema plug-and-play. Requiere pelearse con software de terceros, configurar la Terminal de comandos en el ordenador y asumir que, si algo falla en la red local, la música se corta. “Selaví” dirían los franceses.

  • El dilema de la compresión: Si usas la vía gratuita o códecs con pérdidas para facilitar la transmisión en tiempo real, los más puristas se llevarán las manos a la cabeza, alegando que se está "comprimiendo" un vinilo. Aunque, en la práctica, las supuestas pérdidas resultan mayormente inaudibles. Es posible generar una cadena de transmisión Lossless, pero el esfuerzo es considerablemente mayor y las ganancias son marginales.

  • Costes en equipo: Aún la configuración más simple te exigirá un pequeño desembolso. En mi caso, el coste ha rondado los €100 por el ADC, el cable a medida y la licencia de software. Pero es fácil comenzar a multiplicar costes si no optamos por equipos de segunda mano o nos atraen aquellos de mayores prestaciones.


En mi caso, la latencia me da igual. El momento de silencio ocurre únicamente al iniciar la transmisión y, después, la música se escucha sin interrupción.


La complejidad técnica, por otro lado, es únicamente inicial pues, una vez se ha descargado y configurado el software, el ordenador hace el resto.


El dilema de la compresión es, probablemente, el mayor obstáculo pero, sinceramente, no he notado pedidas acusadas en términos de dinámica ni detalle. Seguiré probando y, en caso de notarlas, me queda la opción de incrementar la calidad del stream con un esfuerzo técnico mayor.


Por último, el coste. €100 por el excelente software de Rogue Amoeba (que además cubre algunas otras necesidades, sobre las cuales ya nos extenderemos), la gran flexibilidad que ha ganado mi sistema y el aprendizaje que he adquirido en el trayecto, me parecen buena inversión. Me planteo, incluso, sustituir el Behringer por un equipo con mejores prestaciones en el futuro próximo, ya veremos. El reemplazo del cable, por su parte, está ya en casa, el ifi 4,4mm a XLR. La meta es clara: llevar el frente analógico al digital y, como resultado, aprovechar lo mejor de ambos mundos.


El futuro de Roon: ¿Llegará la solución oficial?

Para los que ven todo este proceso como una aberración de ingeniería o simplemente como un dolor de cabeza innecesario, hay luz al final del túnel. Roon Labs es plenamente consciente de que la integración de fuentes externas y "Line-In" es una de las peticiones históricas más deseadas por la comunidad de audiófilos.  


La compañía ya está moviendo ficha en su hoja de ruta con el desarrollo de la tecnología Roon Ready Relay. El objetivo de este avance es permitir que dispositivos externos que cuenten con un ADC integrado (como algunos previos de phono modernos o streamers con entrada de línea) puedan digitalizar y enviar esa señal analógica de forma nativa al ecosistema Roon.  


Cuando esta tecnología se estandarice por completo en el mercado, podremos gestionar el giradiscos dentro de la interfaz de Roon con la misma fluidez, flexibilidad de zonas y gestión de DSP que tenemos hoy con un archivo FLAC local. Pero mientras ese futuro idílico y simplificado se despliega por completo, la cofradía del puño cerrado y los entusiastas de la informática seguiremos tirando de ingenio, código Unix y servidores de radio locales para exprimir al máximo nuestras cápsulas fonocaptoras.  


Ahora bien, seguramente seguiremos necesitando el ADC así que, ¿por qué no hacerse con uno ahora? Me parece que hemos establecido que, más allá de este ejercicio, que seguramente más de uno calificarán de absurdo, tienen otras aplicaciones que pueden resultar igual o, incluso, más interesantes.


Seguiré reportando los avances en este pequeño viaje.


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