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Raspberry Pi Streamer

  • Foto del escritor: Fernando Alday
    Fernando Alday
  • hace 5 minutos
  • 10 Min. de lectura

El mundo del Hágalo Usted Mismo llega a Et Sona y nos proponemos una alternativa de bajo coste para entrar por la puerta grande al mundo del Streaming.



¿Un streamer de audio por menos de €100? Sí, es posible. Acompáñenme en este recorrido por la pequeña pero gratificante aventura que ha sido entrar al mundo de los Streamers basados en tecnología SBC (Single Board Computers) o, para los que nacimos bajo la lengua de Cervantes, los ordenadores de placa única.


El comienzo. El último año he estado utilizando, gracias a Ignacio de Elektra Hi-End, un Innuos PULSE Mini como streamer. El equipo, reseñado en su momento en Et Sona, ha demostrado un sonido estupendo y una facilidad de uso que garantiza que aún los más reticentes a dar el salto al streaming puedan hacerlo sin perder la cabeza en el mundo casi infinito de las configuraciones y demás historias de ordenadores.


Sin embargo, todo tiene que seguir su ciclo y, en algún momento, el Innuos volverá a Elektra Hi-End. Ahora comenzaba la difícil tarea de buscar un reemplazo para un equipo que, en principio, nunca hizo nada mal. ¿Porqué no te quedas el Innuos? Buena pregunta, excelente de hecho. El precio es accesible (para los estándares de la afición), el rendimiento, genial. Pero, el Innuos lleva casi un año en el sistema, y además es un equipo en préstamo. Es momento de cambiar. Si las reseñas se hacen siempre con los mismos equipos, poco cambio se notará. Por otro lado, hay muchísimas otras opciones en el mercado que he probado y otras tantas que me gustaría probar. El rompimiento no ha sido fácil, pero es hora de seguir el camino y dar el siguiente paso. Con esto en mente, me he tenido que sentar, libreta y boli en mano, unos cuantos espressos y con el sombrero de pensar. ¿Qué quiero en un streamer? La lista, por ahora, iba más o menos así:


  1. Fiabilidad: En términos de conexión, sistema operativo, manejo, etc. Es decir, no quiero quebraderos de cabeza.

  2. Flexibilidad: En el mundo ideal, un sistema fácil de conectar o integrar a otros equipos, fácil de mover para poder realizar las pruebas, etc.

  3. Buen sonido: Esto se explica solo, no sirve de nada tener un streamer fácil de utilizar y con una construcción y software sólido si el sonido no está a la altura.

  4. Precio accesible: Aquí he tenido un pequeño problema. El precio es subjetivo. No es lo mismo 100 que 1.000 que 10.000 pero es que tampoco es lo mismo para ti o para mi, ni para el vecino ni para su prima. El tema, me parece a mi, va más bien por el tema valor o la famosa relación calidad/precio. Con el Innuos, por ejemplo, me queda claro que es un balance positivo. El coste de ambos equipos (recordemos que el PULSE mini viene acompañado, en mi caso, de la LPSU) es positivo.


Dicho lo anterior, no he hecho puñetero caso de la lista, he tirado por libre como se dice coloquialmente y, tras haber pasado demasiado tiempo en foros de alta fidelidad on-line, me picó la curiosidad: ¿Y si me lío a hacer mi propio streamer? ¿Qué es lo peor que puede pasar?


El viaje de descubrimiento comenzó por un par de realizaciones. Primera, los streamers no son, en su gran mayoría, componentes de audio. Aquellos que incorporan un DAC podrían considerarse híbridos pero, en sí, el componente que realiza la labor de captar la información del servicio de streaming y lo lleva al DAC (interno o no) es un componente informático, más específicamente, de red y procesamiento. Ahora bien, yo lo que requiero es un transporte o streamer puro, pues tengo un excelente DAC ya en mi equipo (antes un Lampizator Amber 5) y ahora un Lampizator Atlantic 5 TRP. Dicho esto, mi investigación preliminar me orientó a aquellas propuestas de varias casas de audio que, por si mismas, basan sus diseños en los llamados SBC (Pro-ject, Orchard Audio, entre otros). Esto me llevó a la segunda realización: Las compañías ponen cercos a sus implementaciones. Por ejemplo, Pro-ject ha abandonado los streamers de la generación anterior y no es posible actualizarlos. Dicho esto, como no me gusta comprar cosas para luego tener que tirarlas (lección aprendida con un Apple TV que a día de hoy no sirve ni como pisa papeles), surgió otro punto importante en mi lista de requerimientos: Open source o, lo que es lo mismo, código abierto o, al menos, una compañía que respete el derecho a la reparación y actualización de sus equipos por el usuario.



Evaluando lo anterior, he hecho un pequeño diagrama para orientar mi caso de uso o, por así decirlo, mi modelo de implementación:


  1. Un Streamer en modo transporte, es decir, no requiero DAC.

  2. Código o sistema abierto o, en su defecto, que permita actualizaciones/reparaciones.

  3. Conexión vía USB (mejor rendimiento, además cuento con buenos cables USB para audio).


Ahora bien, a buscar opciones. ¿La más recomendada por otros usuarios que han transitado ya por vías similares? Un Raspberry Pi. Aclaro. El equipo no me ha sido cedido, prestado, regalado. Lo que verán en esta entrada lo he comprado y pagado yo de mi bolsillo, todo como un pequeño experimento y para ayudar, a quien pueda encontrarse con estas líneas, a seguir un camino similar evitando los obstáculos o escollos con los que yo me encuentre. Seguimos.



La elección ha sido simple, al momento de escribir estas líneas, el Raspberry Pi 5 es el modelo más reciente y con un precio accesible. La lista de la compra ha ido así:


  1. Raspberry Pi 5 4GB Ram - €69,95

  2. Fuente Alimentación 5,2V 3A USB-C con interruptor - €8,50

  3. Kit 2 disipadores para Raspberry Pi 5 - € 3,95

  4. Ventilador 3007 PWM - €2,95

  5. Caja para Raspberry Pi 5 - €4,95

Total: €90,30, incluídos gastos de envío: €94,25


Vale, me he venido un poco arriba, en realidad, lo único que necesitamos es el Raspberry y la fuente de alimentación pero, oye... En algún lado habrá que poner el cacharro, ¿no? Y el tema del calor, habrá que gestionarlo también. Cosas que también han resultado necesarias pero, afortunadamente, ya tenía por casa: Una tarjeta micro SD. Esa no la contamos, pero mantengamos un ojo en la lista de los gastos.



Para la instalación, yo me adelanté unos pasos y coloqué los disipadores de calor, el ventilador y la carcaza, conecté el cable de ethernet y la tarjeta SD. Hecho esto, hemos de dar el paso siguiente: La elección del sistema operativo que gestionará el tema del streaming. Opciones hay muchas, gratuitas y de pago. Mi elección, por simplicidad ha sido RoPieee. No solo eso, la compatibilidad con ROON me garantiza no perder el servicio, prestaciones y entorno que tanto disfruto. La elección pasa por lo que se quiere obtener del software y, además, no hay penalización por equivocarnos, es tan fácil como volver a instalar el que nos guste. El proceso de instalación es sencillo, pero requiere ciertos conocimientos informáticos. Se debe descargar el sistema, instalarlo en la tarjeta SD y colocar esta en el Raspberry. La instalación se realiza con un programa que se llama "Etcher" y, lo que hace, es permitir que la SD funcione como un disco de boot o inicio. No quisiera entrar en detalles para no desviarnos del post pero, créanme, nada puede salir mal, si lo intentáis un par de veces, seguro lo tenéis resuelto.


Ya finalizada la creación del boot drive en la SD, entonces podemos colocar la tarjeta en el Raspberry y encenderlo para verificar que todo funciona. Debemos instalar la tarjeta, conectar el adaptador de corriente y el cable de ethernet. La manera más sencilla de verificar la operación, es ver que el proceso de instalación se consigue correctamente, esto se consigue conectando una de sus salidas HDMI a un monitor. Veremos texto que muestra los procesos y, al final, la confirmación. Luego entonces, podemos acceder al configurador de RoPieee (como si se tratase de una página web) y verificar que todo está en orden.

Una vez configurado, fui a ROON, conecté el Raspberry al DAC vía USB y verifiqué que apareciera en los dispositivos de audio, seleccionándolo como salida de Audio. Todo funcionó, a la primera y sin quebraderos de cabeza. Una maravilla. En total, debo haber invertido 1 hora de mi tiempo, máximo 2.


Como suena.

El sistema para la prueba, entonces, fue el siguiente: Previo: McIntosh C504

Amplificador: McIntosh MC502

Tratamiento corriente: Lampizator Silk

Cables de corriente: Bazco Audio L1 (custom), Gutwire B-10

Cables de interconexión: Final Touch Audio Thebe RCA

Cable de red: BAZCO Audio L1 Ethernet

Plataforma Streaming: ROON/Qobuz

DAC: Lampizator Atlantic 5 TRP

Altavoces: Axxess L1

Cables Altavoz: Nordost Blue Heaven

Rack: Artesanía Audio Prestige 4

Accesorios: Artesanía Audio Damper / Gutwire Ultimate Ground Cable


Comenzamos. Lanzamos ROON y accedemos a Qobuz, las primeras pruebas se realizan con la lista de reproducción genérica que suelo utilizar para "primeras impresiones", le damos algo de tiempo y configuramos, tanto en ROON como en RoPieee.


¿Los resultados? Sorprendentes. No sólo tenemos un End Point para Roon, tenemos un pequeño y discreto dispositivo de streaming que nos permite todas las funciones de uno que le multiplica en tamaño y peso. El sonido es más que correcto, no notando ningún tipo de distorsión ni exceso en artefactos digitales. La respuesta es rápida y no tenemos pérdidas de conexión ni servicio. Repasemos algunos temas para familiarizarnos con la respuesta del conjunto.

Ennio Morricone - Once Upon a Time in America - Titles. Un tema con un tono muy musical y pequeños matices sonoros que nos dan oportunidad de apreciar rango dinámico, así como la interferencia de artefactos digitales en el sonido. La coloración es neutral, con las características del equipo de amplificación y altavoces, no notando influencia del streamer en términos de cortes, ruidos o interferencias. La textura de la voz que se presenta sutilmente en el tema es realista y no peca de asperezas ni pérdidas de información de ningún tipo.


Los temas subsecuentes, con ligeros destellos tímbricos en los registros más altos, presentan una imagen y brillo coherentes con la naturalidad de los instrumentos y su dimensión, alejando los temores de interferencia o pérdida de información.


Escuchando ahora a Thelonious Monk - Monk's Dream, la separación y definición de los canales nos pilla bien situados y nos da una envidiable presentación. La distinción entre los instrumentos y sus ubicaciones aparece limpia y clara. Los sutiles detalles de fondo pintan una atmósfera realista y coherente. Nuevamente, echamos en falta algo de dimensión en la grabación, así como profundidad pero se trata de una experiencia similar a streamers de las gamas de entrada de las marcas más comerciales. Nada que temer ni, mucho menos, de lo que nos debamos preocupar.


Por último, Bang - Lions, Christians. Buen impacto inicial. La fidelidad de la grabación, algo discutible pero bien conservada, se transmite de forma orgánica con un toque casi analógico (una prestación que nos llega, sin duda, como cortesía del DAC Lampizator Atlantic 5 TRP) Esto, sin embargo, no sería posible si el pequeño streamer que hemos montado no tuviera una buena "comunicación" con el mismo, lo que nos debe disipar dudas sobre su integración con otros sistemas de mayores prestaciones y coste. Recuerden que, la meta de esta empresa, es la de crear un streamer "mínimo" en todos los sentidos (coste, interferencia del sonido), menos en el de la calidad del sonido, siendo esta nuestro objetivo último.


Volviendo al tema, la voz de Frank Ferrara y la guitarra de Glicken se transmiten con potencia, buena definición y alcance, suficiente para ponernos a mover los pies y recordar, ligeramente, ese deje de Balck Sabbath que caracteriza a este tema.


De entrada, debo decir que la integración con el entorno de ROON y Qobuz es magnífica y, debo decir, no ha presentado ningún problema de compatibilidad ni pérdida de conexión, aún tras ciclos de encendido y apagado reiterados los cuales, por supuesto, han formado parte de las pruebas.


En general, no noté diferencias sustanciales con la utilización de otros streamers, al menos en una operación contenida y normal. Sí que la profundidad y tono de los silencios, así como la profundidad de la presentación del escenario no tiene la dimensión que tiene con equipos de mayores prestaciones (en términos de optimización de recursos y tratamiento de corriente), pero vamos, esto es de esperarse. No sólo no se trata de un equipo construido para el único propósito, sino que además es evidente que podríamos beneficiarnos de mejor tratamiento y gestión de corriente. Pero no nos adelantemos.


Sin embargo, el manejo del audio me sorprendió gratamente, esperándome menor calidad de la que he recibido. En general, no tengo quejas, tenemos un streamer completamente funcional por menos de €100. Incluso, he de decir, que salvando la ridícula proporción, por lo que hace a su dimensión (en comparación a lo que estamos acostumbrados), no me parece del todo feo. Tengo el ligero problema de que el peso de mi cable USB le hace moverse un poco, pero ya lo he solucionado acomodando el ángulo.

Conclusiones.

Comienzo por lo evidente. Esto no es algo para todo el mundo. Si no te sientes cómodo navegando en elementos básicos de informática, lo mejor es buscar ayuda o, en su defecto, una solución ya lista y que funcione como plug & play aunque mi experiencia me indica que, con mayor frecuencia, los streamers requieren pasos adicionales de configuración, instalación de aplicaciones u otros elementos que son similares a estos pasos.


El tema del "ruido" del ventilador. Primero, en condiciones de uso normal, no lo he escuchado activarse ni una sola vez. El rack tiene buen espacio y dimensiones que permiten una ventilación natural del equipo, así que no me he percatado de su activación, por otro lado, lo he probado forzando su funcionamiento, el ruido no resulta excesivo ni molesta en la reproducción de música. Si se desea, se puede prescindir de el, eso sí, garantiza que el equipo esté bien ventilado y, al menos, utiliza los disipadores para mayor seguridad.

¿Se puede vivir con esto como streamer? Sí, sin duda. Esto, claro está, si nos gusta el sonido inicial. Debo decir que la utilización de ROON aquí es primordial, pues permite ajustes finos al sonido que, de normal, no serían posibles y que mejoran la presentación y dinámica del resultado final. No quiero omitir el hecho que, claramente, el resultado final está fuertemente influenciado por la utilización del DAC Lampizator y que, en retrospectiva, el emparejamiento se antoja, incluso, algo ridículo, dada la diferencia de precios. Claro está, pensemos en que estamos comprando un producto "en crudo", es decir, un elemento que, si estuviera en manos de un fabricante, probablemente pasaría por un proceso de mejora de componentes, un sistema operativo a medida, un tratamiento de corriente mejorado, etc. Y, entonces, incrementaría tanto su rendimiento como su coste final.



Lo importante y lo que debemos rescatar de este texto es, a mi parecer, la idea que es posible generar soluciones hechas por uno mismo, que estos ejercicios nos permiten un mejor entendimiento de como funcionan los equipos de alta fidelidad (o en este caso de audio digital) y que, por supuesto, podemos tener un streamer con buenas prestaciones por poca inversión, tal vez, ni que sea, como una manera de adentrarse en el mundo del audio digital pues, de no gustarnos el resultado, el Raspberry Pi puede ser re-utilizado en un sinnúmero de funciones distintas, desde un ordenador tradicional, hasta una plataforma para juegos, etc.


Por otro lado, la aparente distancia entre sonido que produce el Raspberry y un streamer de altas prestaciones, puede ser reducida aún más, pues existe un floreciente mercado de accesorios y aditamentos para mejorar sus prestaciones. Trataremos de explorarlo en subsecuentes textos.


En entradas subsecuentes iremos analizando algunas mejoras y opciones de configuración para obtener, con un poco más de inversión, aún mejores resultados en temas de sonido.


Galería.



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